Crédito foto: Reuters

Por Soledad Blardone

Dos mujeres acusan al fundador de WikiLeaks por haber mantenido relaciones sexuales sin preservativo, entre otros delitos de ese tenor, lo que para la rígida legislación de Suecia es un crimen que podría costarle muy caro.

La Corte Suprema británica habilitó su extradición a ese país europeo, lo que lo deja ahora mucho más cerca de afrontar una pena por las acusaciones de los delitos sexuales de violación, abuso sexual y coerción denunciados por Ann Ardin y Sofia Wallen, dos mujeres con las que mantuvo encuentros íntimos ocasionales.

Ardin, una militante feminista, sospechada en Cuba de vínculos con la CIA, contactó a Julian Assange para ofrecerle alojamiento en su departamento durante los días que el hacker visitó Estocolmo por un seminario. La mujer le había cedido su casa mientras ella se encontraba de viaje pero  cambió sus planes, volvió antes y terminó teniendo sexo con él. Según su testimonio, cuando el preservativo se rompió, Ardin intentó poner fin al encuentro pero Assange se negó accedió.

Según testigos, a pesar de ese hecho, la mujer mantuvo un trato cordial con el fundador de WikiLeaks hasta el punto que organizó una fiesta en su honor, a la que éste no asistió porque tenía una nueva conquistaSofia Wallen. Con esta joven, de 20 años, también tuvo sexo en dos oportunidades, una con protección y otra sin ella.

Pero para desgracia de Assange, las mujeres eran conocidas, terminaron enterándose de su aventura y se enojaron por la negativa del hacker a utilizar condón. Las dos presentaron una denuncia en la policía por la supuesta comisión de delitos sexuales: la de Ardin fue catalogada como abuso y la de Wallen, como violación.

Las acusaciones de ambas mujeres contra Assange generaron una gran polémica respecto a si una relación sexual -en la que ambas personas mayores de edad brindan su consentimiento para estar juntas en la intimidad- puede tornarse repentinamente en un delito si el hombre decide no usar preservativo.

Entrevistado por Infobae América, el licenciado en ciencias antropológicas Guillermo Echavarría se expidió sobre el tema manifestando que se trata de la violación de un pacto, de un acuerdo. «No lo asimilo con la violación aberrante como las que estamos habituados a informarnos. En principio, la violencia sexual no se hace por placer sexual: lo sexual es una excusa para el ejercicio de la violencia y persigue el sometimiento de la víctima», afirmó.

«Si la violación es acusada por la mujer, puede tomar como norma que no empieza la relación sin el uso del profiláctico, que desde ya, hay quienes a esta altura lo exigen, como asimismo el certificado de no portador de enfermedades sexuales y derivados», agregó el experto.

Estas denuncias vuelven a poner en el tapete el tema del consentimiento de «ellas» en las relaciones íntimas. «Uno de los mitos sugiere que si las mujeres dicen ‘no’ a ciertos actos sexuales en realidad están diciendo ‘sí’. Desde este errado ‘saber popular’ el consentimiento queda definido de una manera perversa: un hombre siempre podría presumir la disposición sexual de una mujer, incluso cuando ella aparente lo contrario», explicó Julieta Di Corleto, magister en Derecho de la Universidad de Harvard y docente.

«Bastaría que una mujer haya consentido un primer acto sexual para que se presuma que consintió un segundo. Bajo este mismo paradigma, no existiría la violación dentro del matrimonio porque un primer ‘sí’ en el altar implicaría el consentimiento para cualquier contacto sexual en el matrimonio», agregó la profesional.

La experta puntualizó que lo que está en discusión es el alcance del consentimiento, el que no debe ser equiparado a una idea de libertad natural de la mujer, ni tampoco excluido como criterio para la determinación de lo que ella define como una situación de violencia. El concepto debe ser analizado en su contexto, principalmente en referencia a situaciones estructurales o particulares de dominación. «Ésta puede ser una manera de interpretar el término sin soslayar las características de las relaciones entre mujeres y varones, muchas veces problemáticas en su contenido«, destacó Di Corleto.

Infobae América también consultó a Ricardo Sáenz, fiscal general ante la Cámara Criminal y Correccional de la capital argentina. «Si lo pienso como fiscal y con las reglas que rigen el proceso penal -especialmente que la duda debe jugar a favor del imputado-no me imagino cómo condenar a un hombre porque una mujer dice que tuvieron una relación no consentida y no hay, por ejemplo, signos de violencia», expresó.

«Realmente me parece muy rara la pena para esta situación y, además, creo que se presta a denuncias infundadas, por despecho, por ejemplo, y que dejan a los hombres en una situación muy complicada», opinó Sáenz.

Por supuesto, deberán aportarse pruebas para poder verificar los delitos de los que se acusa a Assange, que ocurrieron en la intimidad y sin testigos. «La justicia tiene la obligación  de investigar. Se harán pericias médicas, psicológicas y se tomarán testimonios. Si quedó en una habitación a puertas cerradas es más simple de probar que si fue en un baño público, por ejemplo», expuso Miguel Sumer Elias, abogado especialista en delitos informáticos.

Una de las mujeres le pidió al fundador de WikiLeaks que se hiciera un examen de HIV, ya que luego de haber mantenido relaciones íntimas sin protección empezó a temer poder haber contraído alguna enfermedad de transmisión sexual o haber quedado embarazada. En tal sentido, Sáenz sostuvo que, en Argentina, tener sexo sin preservativo no es delito, «salvo que se pueda probar que el hombre tiene alguna enfermedad de transmisión sexual y lo que quiere es contagiar a la mujer. Si ella consiente la relación podríamos estar frente al delito de lesiones, por el daño en la salud al contagiar».

En ese sentido, también se pronunció Elias, quien recordó que el Código Penal argentino estipula un agravante en el abuso sexual en el caso de que el autor sepa que es portador de una enfermedad de transmisión sexual. «Si dolosamente lo sabe y no se cuida es un agravante del abuso sexual, pero no un delito autónomo», afirmó. «Sin embargo, este caso no se aplica a Assange porque no tenía HIV y tampoco conocía si padecía alguna  enfermedad sexual en ese momento».

Para Echavarría, el sexo con consentimiento y sincronización es un avance en el statusde la mujer, como individuo pleno de sus decisiones y representaciones. En 1936 y en un país altamente industrializado como la Alemania nazi, ellas estaban predestinadas a las tres K: kinder (niño), küchen (cocina) y kirchen (iglesia). El especialista explica que era una sexualidad orientada a la reproducción, que no incluía el deseo ni otra forma de consulta o pacto. «Se explicitan los patrones, como antes se determinó que la mujer debía ser virgen y ser diestra en situaciones domésticas. Obedecían otras pautas, mayormente mandatos orales que -justamente por ser no escritos- tenían más poder y mayor cobertura».

Pero entre la violación y una relación sexual consentida, ¿existe una «zona gris» en la cual los involucrados pueden tener desacuerdos sobre el cómo y el qué de un encuentro tan íntimo y privado? Para Echavarría, el carácter de legislación justamente está evitando las zonas grises, aunque no hay que pensar que se eluden todas a priori en el verdadero sentido de la palabra, sin experiencias. «El sexo no está desprovisto de incorporar nuevas pautas, aunque hay otros quehaceres de la cultura donde son más rápidos y frecuentes los cambios. La intimidad de la pareja con su sexualidad es el último rincón donde llegaría un estado con una suerte de contrato social», expuso.

«El encuentro sexual no debería empezar si el varón no está munido de su profiláctico desde el inicio: no olvidemos que también se puede tratar de una situación inversa, que la mujer diga que ha tomado las medidas profilácticas y no lo haya hecho«, retrucó.

Fuente: Infobae América

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